APUNTES SOBRE LOS PROFETAS EN LAS RELIGIONES UNIVERSALISTAS: EL CASO DE PABLO TARSO Y EL CRISTIANISMO

J. Michael Napán Napán[1]

E.A.P. Historia – UNMSM

jianferal @hotmail.com

“Pero aconteció que yo, al llegar cerca de Damasco, como a mediodía, de repente me rodeó mucha luz en el cielo; y caí al suelo, y oí una voz que me decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Yo entonces respondí: ¿Quién eres, Señor? Y me dijo: Yo soy Jesús de Nazaret, a quien tú persigues. Y los que estaban conmigo vieron a la verdad la luz, y se espantaron; pero no entendieron la voz del que hablaba conmigo” (HECHOS 22. 6 -10.)

Estos apuntes conforman en gran parte, las clases y lecturas del Seminario de Historia de las Religiones con el profesor Carlos Carcelén Relúz. No es un estudio sistemático de la figura de Pablo de Tarso y sus repercusiones en la religión cristiana, pero se hace con la intención de impulsar, parafraseando a Flores Galindo “no lectores – asumiendo la connotación pasiva del término – sino interlocutores” (FLORES GALINDO 1999:1), y de esa manera lograr una comprensión más profunda del caso.

Inicio este escrito con la pintura de Marcos Gama. Obra que describe la conversión del apóstol San Pablo, quien viviendo en la oscuridad gran parte de su vida la luz de Dios lo ciega y le ayuda a retomar el camino de la fe[2]. Aclaro  que en las líneas siguientes no trato sobre la representación (pintura), la coloco para que la frase del encabezado tenga una recreación propia; ni mucho menos de la vida y obra del profeta, es más un trabajo introductorio y debe ser tomado como tal.

Con el término cristianismo se designa el conjunto de iglesias, comunidades, sectas y grupos, así como de ideas y concepciones, que siguen la predicación del que se considera comúnmente el fundador de esta religión, Jesús de Nazaret. A pesar de la enorme variedad histórica de creencias y prácticas, el cristianismo ha mantenido como elemento común la profesión de fe de Jesús, hijo del único Dios señor y Creador, encarnado, muerto y sepultado, el mesías (FILORAMO 2007:156). El cristianismo y el judaísmo son dos religiones que tienen un origen común. En el judaísmo se cuenta el tiempo histórico a partir de un comienzo – la creación del mundo- , aunque en vista de un eschaton[3]. Lo particular en el cálculo cristiano, es que se cuenta el mismo a partir de un acontecimiento central que ocurrió cuando el tiempo se había consumado. Para los judíos este tiempo central se encuentra todavía en el futuro, y la esperanza de la venida del Mesías divide al tiempo para ellos en un presente y en un futuro. Para el cristianismo, la línea divisoria de la historia de la salvación ya no es un mero futuro, sino un presente, la venida – ya realizada- de Jesucristo. Cullmann citado por Löwith refiriéndose al esquema de la historia de salvación de Pablo, distingue dos movimientos, el primero que va de los muchos al único, este es el antiguo testamento. El otro que va del único a los muchos, este es el nuevo testamento, precisamente en el medio está el decisivo factum, la muerte de Cristo (1956:207).

Podemos notar de esta manera que el calvario y la resurrección, que son el centro de un recorrido que falta completar, pasan a ser acontecimientos decisivos en la historia de la salvación, esto es la esperanza cristiana que descansa en la fe, en un hecho ya cumplido, que aseguran al creyente el éxito final con la segunda venida de Cristo. Este a la vez coloca al cristianismo como una religión histórica, que desde la perspectiva de la fe se transforma en la historia de la salvación de la humanidad por obra de Cristo según el plan providencial del Padre. Por esto a diferencia de las religiones universales como el hinduismo o budismo, el cristianismo se realiza en la historia y no puede dejar de realizarse en ella (FILORAMO 2007:159).

Kahler considera que el establecimiento de una religión universal lo dio Pablo. Lo hizo fundamentalmente invirtiendo la cristiandad original, yendo más allá de la frontera del judaísmo, en el aspecto geográfico y en el étnico, así como intrínsecamente (1953:138). Tarso era un centro convergente de vía de comunicación y elementos culturales. Este aspecto geográfico es importante,  ayuda a explicar por qué a un judío podía interesarle la doctrina de Jesús, así como la influencia helenística para concebir en su espíritu la ampliación de esta iniciativa y el ser ciudadano romano lo inclinaba al universalismo, sobre el cerrado nacionalismo palestino (HUBEÑAK 1992:158-159). Fue una fusión de la idea mesiánica con las ideas y los cultos paganos, es decir, con la filosofía griega y los misterios helenísticos. Por ejemplo, la nueva alianza de la resurrección, el evangelio predicado (termino griego que significa “buena nueva”) se relaciona con los misterios helenísticos que celebraban los destinos de las deidades de la vegetación y la generación y por ello llevaban implícitos actos mágicos de rejuvenecimiento y renacimiento de los participantes humanos. Mediante ritos helenísticos se fundían con las divinidades y resurgían de nuevo con ella, renacidos a una inmortalidad potencial (KAHLER 1953:138). El resultado final de la doctrina de Pablo era que la nueva alianza entre el hombre y Dios se basaba, en lo que concierne al hombre, no en las buenas obras, sino en la fe; y en lo que respecta a Dios no en la ley impersonal, sino en la gracia personal. Este era el requisito previo necesario para unificar a las gentes de las distintas tribus en un credo que no era su religión hereditaria y congénita. Con ello se había producido una revolución en la religión misma y la fundación de una religión universal. Significó la abolición de la religión de su carácter, la transformación de la religión en un credo y en una profesión de fe. La líneas directrices enunciadas por Pablo para la evangelización de los nuevos pueblos fueron seguidas durante la segunda mitad del siglo II, pero se vieron sofrenadas a partir de los martirios de Pedro y Pablo en Roma, y por las persecuciones contra los cristianos iniciadas por el emperador Nerón en el año 64 que culminan en la destrucción del Templo de Jerusalén en el año 70. Dichos conflictos refuerzan lentamente la diáspora, el establecimiento de  unidades judías en casi todo el Imperio romano; migración que constituirá sin duda una de las ocasiones históricas de la civilización europea. Su común cultura va a facilitar la circulación de los hombres, pero sobre todo de las ideas. “La diáspora habla griego y lee una Biblia griega, la de los setenta” (CARBONELL 2001:101). Así podemos decir que con el uso del griego penetra en el pensamiento cristiano todo un mundo de conceptos, categorías intelectuales, metáforas heredadas y sutiles connotaciones. La explicación obvia de la rápida asimilación de su ambiente que efectúan las primeras generaciones cristianas es, desde luego que el cristianismo era un movimiento judío y los judíos estaban helenizados en tiempos de San Pablo, aunque  no sólo los judíos de la Diáspora sino también, en gran medida, los de Palestina misma. Precisamente esta porción helenizada hacía que se volvieran, en primer lugar, misioneros cristianos (JAEGER 197114).

Un ejemplo claro de penetración de categorías en el pensamiento cristiano lo encontramos en la palabra iglesia, y es pues que luego de la destrucción del templo de Jerusalén se estructuraron iglesias ordenadas jerárquicamente, gobernadas por un obispo. El término “iglesia” tiene un origen bíblico, que se remite al hebreo “qahal”, que en el Antiguo Testamento designaba al pueblo de Dios reunido para el culto o para la guerra. Los primeros cristianos, queriendo subrayar su continuidad, en cuanto al nuevo Israel, con el antiguo Israel, del que se consideraban los herederos en virtud del nuevo pacto o testamento sellado gracias al sacrificio de la cruz. Para denominar a sus propias comunidades recurrieron al termino ekklesia, que en el griego helenístico designa la “asamblea popular”, pero que en el griego bíblico al que había sido traducida la Biblia (la llamada de los Setenta) se había utilizado para traducir precisamente el hebreo “qahal” (la reunión de los hebreos no convertidos al cristianismo fue designada en cambio con el termino synagogé , del que procede sinagoga). Así “Iglesia” adquiere el significado de reunión por iniciativa de Dios[4], por aquellos que profesan la fe cristiana (FILORAMO 2007:159). Por lo tanto vemos que con la figura de Pablo se reconfigura el judaísmo y se expande el cristianismo como una visión ecuménica (universalista) con nuevos conceptos y sutiles connotaciones.

 

Bibliografía

 

  • CARBONELL, Charles – Oliver y otros. (2001).Una historia europea de Europa. Ideas Books
  • FILORAMO, Giovanni, MASSENZIO, Massimo y SCARPI, Paolo. (2007) Historia de las religiones. Barcelona: Crítica.
  • FLORES GALINDO, Alberto. (1999) La tradición autoritaria: Violencia y democracia en el Perú. Lima: Casa de estudios del Socialismo/APRODEH.
  • JAEGER, Werner (1971) Cristianismo primitivo y paideia griega. México: Fondo de Cultura Económica.
  • KAHLER, Erich (1953) Historia universal del hombre. México: Fondo de Cultura Económica.
  • LÖWITH, Karl (1956). El sentido de la historia. Implicaciones teológicas de la filosofía de la historia. Madrid: Aguilar ediciones.

______________ (2007) Historia del mundo y salvación: los presupuestos teológicos de la filosofía de la historia. Buenos Aires: Katz editores.


[1] Miembro del Grupo de Investigaciones Annalicemos Historia (GIAH).

[3] El fin de la historia de la salvación, que es independiente de los acontecimientos políticos de las naciones, porque se trata de la salvación individual, del pecado y de la redención. La historia del mundo es profana y su sentido sólo puede ser esclarecido por el principio trascendente de la providencia. (LÖWITH 2007).

[4] Muy diferente de las asambleas en las ciudades helenísticas, que se hacían por iniciativa de los hombres.

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