EDWARD THOMPSON Y EL MARXISMO BRITÁNICO

Luis Rodríguez Toledo[1]

Universidad Nacional Mayor de San Marcos

 

El 26 de junio pasado se realizó en la Casa Mariátegui una mesa redonda en torno a la discusión de La formación de la clase obrera en Inglaterra por sus cincuenta años. La obra fundamental de Edward Palmer Thompson recibió los acertados y valiosos comentarios de Eduardo Cáceres, Luis Torrejón, Augusto Ruíz Zevallos y Javier Flores Espinoza. Siendo sinceros, creo firmemente que debe haber personas más capaces para escribir sobre Thompson, mi interés hacia este autor se basa, principalmente, en el hecho de considerarlo como una fuente intelectual directa de Alberto Flores Galindo, historiador al que estudio. Sin embargo, pese a esas falencias decidí realizar este ensayo con el firme propósito de bosquejar y reproducir las principales ideas vertidas en dicho evento, y relacionarlo con algo más complejo, esto sería la influencia y el aporte del marxismo británico en nuestra historiografía, ¿hubo alguna, la hay?

Cuando Thompson falleció en agosto de 1993 basto dos meses para que Márgenes le dedique un espacio reproduciendo un antiguo escrito de Flores Galindo [previamente publicado en El caballo rojo en 1982]. Este escrito es una reseña de Miseria de la teoría, una obra de Thompson traducida tardíamente, y que es básicamente un escrito contra la ortodoxia de Althusser, este último autor había propuesta que el aporte fundamental de Marx había sido el materialismo histórico como método científico. El marxismo de alguna manera se convirtió en una fuerza que escapó a los presuntos ideológicos de su contexto y se convirtió en ciencia. Esta ciencia sólo estaba al alcance de los intelectuales que se convertían en la bisagra entre el materialismo histórico – la ciencia – y el movimiento popular, pues los obreros necesitaban ejes articuladores, esto como dice Flores Galindo solo reforzaba el privilegio hacia los intelectuales y el Partido, y rezagaban al proletariado como fuerza histórica consciente y cambiante[2]. La contraparte de esta visión “ideologizada” de ciencia marxista fue combatida por las nuevas corrientes historiográficas que desde Inglaterra empezaron a poner como centro de atención a los grupos “desde abajo”, a las personas sin historia, que sin embargo hacían su propia historia. Esto sería impulso de los historiadores ingleses como Hilton, Hill, Dobb, Hobsbawm y Thompson, un círculo de historiadores, miembros del Partido Comunista Inglés, y que formarían inconscientemente una escuela llamada, posteriormente, historia marxista británica.

El principal aporte de Thompson con su crítica a Althusser trataba en el simple hecho de dejar en claro que la clase obrera no era un invento del comunismo, ni la fachada de un proyecto político, no era un término ideologizado,  sino era ante todo una realidad histórica. Y sería justamente en muchas de sus obras donde estudiaría a esa clase obrera. Libros como La formación de la clase obrera en Inglaterra, Costumbres en común o Tradición, revuelta y consciencia de clase son obligatorias referencias para entender cómo se realiza un estudio serio de la clase obrera, y como señaló Eduardo Cáceres en el evento, no bastaba con estudiar a esta clase desde sus relaciones económicas, o desde su vinculación con sus medios de producción, no es suficiente estudiar al hombre solo en su dimensión económica, hacía falta también, como lo hizo Thompson, estudiar a la clase obrera en su completa vida material, para ello junto a la producción habían capítulos y referencias a las tabernas, a las creencias religiosas, a las diversiones, las costumbres, espacios de socialización, lecturas, etc. Thompson, en palabras sencillas, humanizó a la clase obrera. Y en cuanto a la religión, era muy común como espacio de socialización para los trabajadores pobres la iglesia metodista, institución a la que pertenecía la familia Thompson como recalcaron tanto Cáceres como Torrejón. Cómo dijo alguna vez Thompson, en una entrevista que le hicieron en 1976, que la redacción de La formación de la clase obrera… surgió de una polémica teórica con las notaciones economicistas del marxismo y con el ala más tradicional del Partido Comunista al que había dejado en 1956[3].

Así, la clase no era un objeto, una cosa que podía ser determinado desde un aspecto, como la economía, era ante todo una realidad social que sucede y se reproduce, la clase social era una relación de fuerzas e intereses. Entendiéndolo así vemos que la influencia de este autor en Alberto Flores Galindo fue basta, y podemos reconocerle como uno de sus principales fuentes intelectuales. Eduardo Cáceres de manera magistral enumera los indicios bibliográficos y las referencias de Thompson a lo largo de la obra de Tito Galindo, reconociendo su ausencia en su tesis Los mineros de Cerro de Pasco, pero evidenciando la aparición del inglés en su obra ya madura, y tesis doctoral, Aristocracia y Plebe, donde este último término es una herencia clara de cómo pensar, y escribir la Historia. Augusto Ruíz Zevallos trató de valorizar los conceptos propuestos por Thompson como “experiencia” y “economía moral” para entender nuestra sociedad actual, su conclusión fue que los términos mencionados no estaban en relación con la demanda histórica, es decir eran insuficientes, lo que incrementaba la necesidad de una renovación de la teoría. Para ello propone la discusión de nuevos planteamientos cómo sería la “Teoría de movilización de recursos” y la “Teoría de estrecho de oportunidades políticas”, especialmente la primera es interesante porque el expositor abre una tangente para comentar los movimientos mineros en nuestro país, así oponiéndonos a las visiones tradicionales de los movimientos sociales, “la teoría de la movilización de recursos” hace hincapié en la conducta de los actores políticos en términos racionales, y esto se materializa en la búsqueda de fines y beneficios, así para que surjan movimientos o protestas es necesario que haya cambios en la economía de la comunidad, para ello se dinamizan las acciones, los programas y las propuestas, es una visión no ideologizada de los movimientos, sino una interpretación moderna y adaptable que ve en las manifestaciones la búsqueda racional del bienestar.

A propósito de Edward Thompson, ¿cuál fue el grado de influencia del marxismo británico en nuestra historiografía? Antes de responder la pregunta, cabría afirmar ¿quiénes fueron los historiadores de esta corriente? Como menciona en su introducción Harvey Kaye, la historia marxista británica es un nuevo aliento de la historia social que en Inglaterra empieza a derrumbar los viejos cánones de la historia narrativa que se centraba en grandes acontecimientos y personajes, por el contrario esta nueva historia social se centraba en grupos sociales antes marginados, y se complementaba con un análisis integro de la sociedad[4], derrumbando la primacía económica del marxismo clásico. Este grupo de historiadores serían Christopher Hill, Rodney Hilton, Maurice Dobb, George Rudé, Edward Thompson y Eric Hobsbawm, historiadores formados en universidades como Cambridge y Oxford, y que alrededor de la década del cincuenta compartían intereses profesionales y políticos, junto a otras figuras como Dona Torr y George Thompson, fundaron la revista inglesa Past and Present  en 1952, y todos ellos militaron en el Partido Comunista inglés, hasta que en 1956 muchos se desafiliaron [salvo Dobb y Hobsbawm] debido a la invasión de la URSS a Hungría.

Estos historiadores marxistas se alejaron del economicismo que tanto tiempo estuvo relacionado al análisis marxista, y se han imbuido en un análisis total de la sociedad, estos intelectuales han compartido temas similares como los orígenes, el desarrollo y la expansión del capitalismo, la transición del feudalismo al capitalismo, el surgimiento de la clase obrera, y la participación del elemento popular y consciente en la lucha de clases de la historia social inglesa. Estas contribuciones se dieron desde la historia social [que daría su fruto cuando Thompson se hizo director de un centro de investigaciones dedicados a este campo] y con la naciente rama de la historia llamada historia desde abajo. El estudio de las clases bajas es fundamental para esta tradición porque parte de la idea de que la lucha de las clases ha sido primordial en el desarrollo de la historia, y en la determinación de la clase en sí y en la conciencie de sus miembros, tratando de refutar así las visiones de rebeliones y motines espasmódicos causados por un respuesta inmediata a un problema económico.

Maurice Dobb fue un miembro de este grupo que trató de encontrar los orígenes de la clase burguesa, y explicar la transición del feudalismo al capitalismo. En su Estudios sobre el desarrollo del capitalismo (1946) menciona que la historia ha estado fundamentada en la lucha entre clases, dado que es este conflicto que las delimitan y definen. El estudio y debate sobre el origen del capitalismo y su transición del feudalismo fue una discusión teórica, a la que Dobb aportó con la premisa de que el capitalismo se asentó como modo de producción cuando el capital interviene de manera considerable en la producción, es decir cuando el productor está subordinado de manera irremediable al capitalista. En sus textos Dobb manifiesta claramente como algunas posiciones de “marxistas” proponían que el feudalismo acabó cuando el comercio y la economía monetaria [en contraposición de una economía natural] se introdujeron en la sociedad, esta posición venía sobre todo de historiadores rusos como Gustav Schmoller. De hecho Dobb aclara y aporta al decir que la existencia del comercio y la moneda no eran características exclusivas del capitalismo, sino que se desarrollaban en el mismo seno de una sociedad feudal, y estaban en dependencia [de hecho mayor comercio significaba mayor servidumbre][5]. Habría que aclarar también que cuando Dobb habla de “Feudalismo”, como él mismo dice no se refiere a la relación jurídica entre el vasallo y el señor, sino a un sistema socio-económico y a una relación entre el señor y el campesino, como el mismo dice “[…] como un sistema bajo el cual el status económico y la autoridad estaban asociados con la tenencia de la tierra”. Así, en este punto hemos llegado a la conclusión que dentro de la tradición marxista británica el estudio del capitalismo es tan importante como el feudalismo, y de esa manera Rodney Hilton se dedicó al estudio de la sociedad medieval, sus trabajos se enfocaron en la experiencia de los campesinos medievales en sus luchas por tratar de ganar privilegios y derechos en un esquema conflictivo de clases, tratando así de refutar las visiones de un campesinado monolítico que aceptaban su condición de productores, o las interpretaciones espasmódicas de los levantamientos medievales. Así, Hilton contribuyó a la reconceptualización del feudalismo no como un orden estable y estático, sino como un orden de lucha, oposición e inquietud[6]. Su obra principal Conflicto de clases y crisis del feudalismo es una obra que se destina al estudio de la constitución del campesinado medieval, ubicándolo en una cuestión de jerarquía en un grado de explotación por parte de los señores que se apropian del excedente productivo, por lo tanto aplicar el término “autónomo” a los campesinos medievales no es apropiado. En esta obra Hilton coloca al feudalismo como una sociedad clasista [oponiéndose en mucho a las consideraciones que las sociedades medievales están compuestas por estratos, órdenes o estamentos tomando como principio ordenador no la riqueza o la capacidad de consumo, sino el prestigio, poder y honor], en la que el móvil principal es la lucha entre las clases [tómese como ejemplo la Gran Revuelta de 1381[7] donde inclusive hay un programa de acción político siendo la principal demanda la abolición de la servidumbre]. Tal vez, lo principal en la obra de Hilton, es haber superado al mismo Marx en la consideración del campesinado, apreciado por los marxistas como un grupo tambaleante que tiene como función asistir a las fábricas para convertirse en obreros. Marx en El dieciocho de Brumario de Luis Bonaparte los consideraba como una masa inmensa cuyo aislamiento natural hace imposible que estos se puedan agrupar. En vez de ello Hilton menciona que los campesinos son una clase con gran poder de organización y sus demandas se resumirían en el pedido de tierras, la libertad y reducción [o abolición] de las rentas del señor [que en nuestros términos medievales se llamarían banalidades].

En Rebeldes primitivos¸ Eric Hobsbawm nos demostró la poca atención que los historiadores habíamos tenido sobre los movimientos pre capitalistas en espacios capitalistas, estos movimientos serían una suerte de resistencia que se transformarían en fenómenos conocidos como el “bandolerismo” [trabajado en otro libro cuyo título simple fue Bandidos], la “mafia” o los mismos “movimientos campesinos” desarrollados en Latinoamérica [el inglés toma el ejemplo del movimiento en La Concepción, Cuzco en 1962]. La gran variedad de temas que tomó Hobsbawm lo convirtieron en el principal historiador marxista hasta su muerte en el 2012, él trató a la clase obrera inglesa, a los movimientos sociales del XX, y a la historia mundial desde Europa hasta Latinoamérica. Resumir su aporte historiográfico resulta imposible en un texto como este, pero puedo hacer hincapié en el primer libro mencionado en este párrafo. Así, Hobsbawm encontró en sociedades agrarias lo que se denominaba rebeliones apolíticas de protesta [rebeliones primitivas para el inglés], estos movimientos arcaicos contemplaban además del bandolerismo a las sociedades secretas, los tumultos, sectas religiosas, etc. Estos movimientos se explican a partir de la idea de que estos grupos no nacieron en el mundo capitalista, pero tuvieron el problema de tratar de adaptarse a un nuevo orden que llegaba desde afuera[8]. Sobre George Rudé habría que agradecer el hecho de tener cuidado al usar el término de “populacho” como lo señalaba Edward Thompson[9], pero a su vez cuando hablamos de “Multitud” [el mismo concepto que uso Basadre] nos estamos refiriendo indudablemente a uno de los aportes más extraordinarios en el estudio de los movimientos sociales, en Protesta popular y revolución en el siglo XVIII, Rudé analiza los movimientos pre industriales [en sus términos se refiere a los cien años anteriores a una sociedad completamente industrializada], reconociendo los tipos de disturbio [motines de subsistencia, huelga, disturbios urbanos][10], las formas de acción, la espontaneidad, la dirección/ los líderes, la composición y los motivos. Sobre Edward Thompson ya hemos mencionado al inicio de este escrito su aporte en el estudio de la clase obrera y su consideración de clase como una “categoría histórica derivada de la observación del proceso social a lo largo del tiempo”[11].

Así, después de este breve y desconsiderado repaso sobre los aportes historiográficos de los marxistas británicos [haciendo la aclaración de haber obviado a Christopher Hill] solo nos queda examinar si algunas de estas influencias llegaron a nuestra historiografía. La metodología a usar en este parágrafo podría parecerse a la que utilizo Manuel Burga en su ensayo sobre los Annales y la historiografía peruana, y es que todo aquel que leyó aquel escrito, aparecido en nuestro medio en el primer número de Ciencias Sociales, revista institucional de nuestra facultad en San Marcos, podrá decir que Burga divide la influencia de los Annales en tres periodos [Tradición clásica, mitos y realidades], y específicamente en los dos últimos hace referencia a historiadores contemporáneos que con seguridad negarían el hecho de haber sido influenciados por una u otra corriente [la pregunta clara que hizo el mismo autor ¿Macera se reclamaría ser un historiador de Annales?]. Así, al tratar de hacer un escrito con la influencia del marxismo británico en nuestra historiografía caeríamos en lo mismo [al mencionar a historiadores contemporáneos y una supuesta influencia de la “escuela”[12] a la que estudiamos], esto podría hacerse en base al estudio de sus obras, y siguiendo la metodología que utilizó Eduardo Cáceres tendríamos que reconocer el uso y la referencia bibliográfica de los historiadores ingleses, aún así no hemos logrado hacer esto, pero podemos mencionar que será interesante, en adelante, estudiar el libro de Basadre sobre la multitud y el campo, así mismo el libro de Augusto Ruíz Zevallos sobre la protesta por la subsistencias, y la misma obra bibliográfica de Francisco Quiroz, que hace más de cuatro o cinco años viene dando conferencias en San Marcos sobre el marxismo británico. A esta limitación personal debe agregarse una limitación historiográfica, y es que creemos que esta “Escuela” inglesa no tuvo la recepción adecuada debido al uso ideológico, político y doctrinero del marxismo en la década del sesenta y setenta en nuestro país [cuando este grupo se estaba consolidando alrededor de Past and Present].  Así, como dijo Alberto Flores Galindo, la obra de estos historiadores, y sobre todo la crítica al método althusseriano que hizo Thompson llegó tarde al Perú, cuando este se estaba desangrando producto de la violencia política, recordemos que Miseria de la teoría recién llegó traducida en 1982, mientras el manual de Martha Harnecker sobre los conceptos y elementos del materialismo histórico tenían innumerables ediciones y se vendían rápidamente en nuestro país como un texto obligatorio para comprender a Marx [aún ahora al parecer se sigue vendiendo, pues no falta este pequeño libro rojo y amarillo en las ferias de libros]. La visión catequística del marxismo, el dogmatismo de su método fue rechazado, de ahí la probable poca influencia del marxismo británico en nuestro país, aunque también puede tratarse de un redescubrimiento tardío de la tradición inglesa. Aún así, parece insoslayable mencionar que el único, o uno de los primeros, historiadores que reciben claramente aportes de los historiadores ingleses sería Alberto Flores Galindo como él mismo parecía decirlo.


[1] Bachiller en Historia por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Miembro honorario de Annalicemos Hist8ria y blogger por la Hispanic American Historical Review,

[2] Alberto Flores Galindo, “Miseria de la teoría” en Márgenes, año VI, N° 10/11, 1993, p. 329.

[3] “Una entrevista con E.P.Thompson” en Tradición, revuelta y consciencia de clase. Barcelona: Crítica, 1979, p. 295 [publicado originalmente en Radical History Review, año III, N° 4, 1976, pp.4-25].

[4] Harvey Kaye, Los historiadores marxistas británicos. Zaragoza: Prensas Universitarias, 1989, p. XII.

[5] Maurice Dobb. Estudios sobre el desarrollo del capitalismo. México: Siglo XXI, p.  469.

[6] Harvey Kaye, óp. cit., p. 68.

[7] Rodney Hilton. Conflicto de clases y crisis del feudalismo. Barcelona: Crítica, 1988, p. 25

[8] Kaye, óp. cit., p. 137.

[9] Edward Thompson, “La economía moral de la multitud en la Inglaterra del siglo XVIII” en Tradición, revuelta y consciencia de clase. Barcelona: Crítica, 1979, p. 62.

[10] George Rudé, Protesta popular y revolución en el siglo XVIII. Barcelona: Ariel, p. 18.

[11] Edward Thompson, “La sociedad inglesa del siglo XVIII: ¿Lucha de clases sin clases? en Tradición, revuelta y consciencia de clase, Barcelona: Crítica, 1979p. 38.

[12] Harvey Kaye menciona que el marxismo británico y los autores que hemos repasado constituyen una tradición teórica en Inglaterra.

Anuncios

2 comentarios en “EDWARD THOMPSON Y EL MARXISMO BRITÁNICO

  1. Nice read, I just passed this onto a friend who was doing some research on that. And he just bought me lunch since I found it for him smile So let me rephrase that Thank you for lunch! Whenever you have an efficient government you have a dictatorship. by Harry S Truman. kbebegebdaca

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s